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LOS BUITRES

Escrito por Laura Arroyo directora del tablero, en canal Red

 Un buitre es un ave rapaz de gran tamaño que se alimenta de carroña, es decir, de carne de animales muertos. Buitres son los que se alimentan de aquello que depredan, devastan, matan. Esta mañana constatamos, si acaso hacía falta una evidencia más, que habitamos en un sistema buitre, en un orden buitre, en un mundo buitre, porque el capitalismo es eso: la depredación que nos mata para alimentarse de nuestra muerte. La especulación como pata del capitalismo contemporáneo es parte del orden buitre. Y son los buitres los que han matado a Maricarmen. Y ahora querrán también comerse su memoria.

Maricarmen no ha muerto, la han asesinado los buitres. Pero cuidado, los buitres están en todos lados y al acecho. A Maricarmen la han asesinado los buitres de Urbagestión que compraron su casa, donde había vivido durante décadas, y decidieron expulsarla con la excusa de “subir el precio del alquiler”. ¿Quién es nadie para decirle a nadie que su casa ya no debe ser suya si no puede pagar lo que se les antoje?

Maricarmen no ha muerto, la han asesinado los buitres. Pero los buitres están en todos lados y al acecho. A Maricarmen la han asesinado los buitres mediáticos. Desde Iker Jiménez riéndose de una persona mayor hasta el infame buitre Pedro J. Ramírez que desde el púlpito construido sobre cadáveres de personas indefensas, se dedicó a criminalizar a una persona de 87 años que acaba de ser desahuciada. Buitres los del Objective, Antena 3, o Telecinco que también la mataron porque hostigar es eso: matar de a poquitos.

Maricarmen no ha muerto, la han asesinado los buitres. Pero los buitres están en todos lados y al acecho. A Maricarmen la han asesinado los buitres de las redes sociales. Los influencers ultraderechistas que hicieron mofa de una mujer por querer vivir en el centro de Madrid a un precio decente. Desde el Xocas hasta Quiles o Lucía Etxebarria. El brazo imbécil, mediocre y agitador del terrorismo rentista. Los perros útiles del amo gran tenedor.

Maricarmen no ha muerto, la han asesinado los buitres. Pero los buitres están en todos lados y al acecho. A Maricarmen la han asesinado los buitres políticos porque el rentismo si no se acaba ya es porque cuenta con grandes tenedores escribiendo leyes que les benefician. Porque uno de cada seis diputados en el Congreso vive de alquilar viviendas y porque los fondos buitre se encargan también de darles dádivas para que nunca cambien de bando.

Maricarmen no ha muerto, la han asesinado los buitres. Pero los buitres están en el Gobierno. Porque no es un tema de derechas o izquierdas, sino de arriba y abajo. De clase trabajadora versus clase rentista. De personas precarizadas contra los buitres que ocupan indirectamente el Consejo de Ministros. Porque el presidente que dijo que esta iba a ser la legislatura de la vivienda mantuvo hasta hoy a una ministra de vivienda que sigue apostando por beneficios para los caseros y los grandes tenedores en lugar de tocar sus bolsillos posicionándose con la gente que no puede pagar el alquiler o con todas las maricármenes. Y para más infamia, trocearon en dos decretos los pedidos mínimos del sindicato de inquilinas para que no saliera adelante uno de ellos como ha ocurrido.

Pero no es solo Maricarmen, es Olga o Javier en L’hospitalet. Son la advertencia de que este sistema buitre nos condena a la muerte.

A Maricarmen la acosaron durante años, la amenazaron con echarla de su casa, le impidieron dormir tranquila, caminar tranquila, envejecer tranquila hasta que finalmente, hace quince días, la sacaron en una camilla de su casa, le cerraron la puerta y le arrebataron las llaves delante de todo el país. Esa humillación mata. ¿Cuál fue su delito? Querer vivir en su casa. Y morir en ella. Pero murió bajo el techo de un hospital. Pregúntate entonces si murió o la mataron. Porque ya está bien de que el rentismo buitre nos mate y encima diga que morimos solos. Que este sistema buitre nos expulse y diga que es nuestra culpa por no ahorrar más. Que este orden buitre nos acose y violente sistemáticamente haciendo sangrar nuestros bolsillos y nos digan que es nuestra culpa por no esforzarnos más, trabajar más, o  ser más fuertes y hacer terapia para cuidar nuestra salud mental. ¿Qué salud mental se puede tener en un mundo buitre donde las aves carroñeras están al acecho todo el tiempo? En tu factura de la luz, en tu factura del gas, en tu factura del agua, en el transporte público que va fatal, en la sanidad cuyas listas de espera se maquillan, en la educación que ahogan con recortes, en la represión cuando protestamos contra los recortes gracias a su ley mordaza nunca derogada en el gobierno progresista, y por supuesto con tu contrato de alquiler, que es siempre una condena firmada por necesidad entre el que decidirá cuando te desahucia y tu vida.

Maricarmen pudo ver demasiadas cosas al final de su vida. Vio como le cerraban la puerta de su casa pero también a cada activista que estuvo ahí haciendo de escudo contra la policía. Vio como la sacaban en una camilla pero también que su lucha se volvía la de un país entero. Vio cómo seguía habiendo desahucios en Madrid o en Barcelona o en Euskal herria, pero también cómo la organización de la gente empezó a impedirlos. Vio que el Gobierno intentaba reducir el tema a dos decretos para cerrar la crisis de vivienda en falso, pero tambien vio que Puerta del Sol ardía y entonces Puerta del Sol se volvió su casa, su hogar, su tribu. Vio carpas amontonarse, vio manifestaciones reproducirse, vio a los medios tener que posicionarse y de pronto algo le devolvió las llaves que le arrebataron. Esa casa de la que nadie la desahuciaría nunca.  La lucha de un país. 

Maricarmen lloró y sufrió por no poder defender su casa, pero ella se volvió nuestra casa. Su voz se volvió nuestro timbre. Su cuerpo nuestras paredes. Algo en Maricarmen nos recordó que no es una sino miles y entonces nos dimos cuenta de que no la habían desahuciado a ella, sino a todos.

Maricarmen no es solo un símbolo esta mañana, sino una certeza: este orden hace insostenible la vida. Entonces nosotras, defenderemos la vida.

Lo personal es político y por tanto, cada vida es política. Pero precisamente por eso, las muertes también lo son. Cada muerte es política. Y la de Maricarmen es política. Claro que hay que politizar las muertes como nuestro dolor cuando ocurren. Porque no se iba a morir igual, sí porque la han matado. Por supuesto que su muerte es política. Y nosotras vamos a ejercer memoria política.

Y la memoria política supone venganza. Que paguen los que mataron a Maricarmen, a Olga o a Javier. Los que desahuciaron a Daniel, a Sole o quieren hacerlo con Mariangeles o Jesús. Porque las injusticias se pagan. Que paguen los asesinos y los que defienden este orden asesino.

En mi tierra usamos una palabra para quienes pese a todo “somos aún”, es decir “seguimos siendo”. Kachkaniraqmi. Y eso es ahora Maricarmen. Ella sigue siendo. Ahora es una brújula para potenciar y politizar nuestra rabia y nuestro dolor. Que tiemble el orden rentista porque Maricarmen no se ha ido. Solo ha decidido volverse del viento. Y el viento siempre aviva el fuego.


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